La pregunta ya no es si las empresas deben transformarse digitalmente, sino cuánto les cuesta seguir postergando esa decisión. Mientras algunas organizaciones utilizan datos e inteligencia artificial para anticiparse al mercado, muchas pymes aún destinan gran parte de su tiempo a tareas operativas, procesos manuales y decisiones basadas en la intuición. La brecha tecnológica existe, pero la verdadera diferencia está en la capacidad de los líderes para impulsar el cambio.
Esta realidad cobra especial importancia en Latinoamérica, donde las pequeñas y medianas empresas representan el motor de la economía, pero aún enfrentan barreras para adoptar tecnologías que les permitan crecer de manera sostenible. Más que un problema de inversión, el reto suele estar asociado al desconocimiento, la falta de acompañamiento y la dificultad para convertir la innovación en decisiones concretas.
Desde la experiencia de Marcela Cuevas, vicepresidenta de la Asociación de Empresas del Biobío (ASEM Biobío), la primera barrera es mucho más humana que tecnológica: el miedo a dar el paso.
"No es falta de interés; muchas veces es falta de información para quienes tomamos decisiones. Necesitamos conocer cómo otras empresas resolvieron problemas similares, qué herramientas utilizan y qué resultados obtuvieron. Ahí el networking deja de ser una actividad comercial para convertirse en un espacio de aprendizaje", sostiene.
Su reflexión coincide con lo que diferentes consultoras han estado señalando por años. McKinsey & Company afirma que una transformación digital exitosa no depende únicamente de implementar nuevas tecnologías, sino de construir capacidades organizacionales, rediseñar procesos y promover una cultura abierta al cambio. La tecnología acelera la transformación, pero no la sustituye.
La digitalización necesita guía, no improvisación
Para Cuevas, uno de los mayores desafíos que enfrentan las pymes es que muchas veces no saben por dónde empezar.
"Nos hace falta que nos lleven un poco de la mano, que nos digan qué hacer, cómo hacerlo y nos acompañen durante el proceso. No somos expertos y cuando vas a implementar un sistema, este debe responder al modelo de negocio de la empresa, no al contrario", explica.
La dirigente reconoce que muchas organizaciones han aprendido precisamente de implementaciones que no respondían a sus necesidades reales y que, por ello, nunca entregaron información útil para la toma de decisiones.
Con ese objetivo, ASEM Biobío ha desarrollado talleres, capacitaciones y espacios de vinculación para acercar a las empresas a la inteligencia artificial, los ERP y otras tecnologías que les permitan optimizar sus procesos.
Antes de hablar de IA, hay que ordenar la información
Aunque la inteligencia artificial ocupa hoy el centro de la conversación empresarial, Cuevas advierte que muchas compañías aún están resolviendo un desafío más básico.
"Hay empresas que recién están organizando su data, otras ya la tienen ordenada, pero siguen trabajando en Excel, y hay algunas que ya integraron esa información a sistemas de gestión. Cuando das ese paso, ya no hay vuelta atrás, porque entras en una lógica de mejora continua donde empiezas a obtener resultados que antes no imaginabas", advierte.
La reflexión coincide con las previsiones de Gartner, donde ha señalado que el verdadero valor de la inteligencia artificial dependerá de la calidad y la gobernanza de los datos disponibles para las organizaciones.
Digitalizar también es aprender a decidir
Para la vicepresidenta de ASEM Biobío, las primeras áreas donde las empresas perciben el impacto de la transformación digital son administración y finanzas.
"Una empresa sin liquidez muere. Poder conocer la rentabilidad, analizar la información financiera y tomar decisiones oportunas cambia completamente la manera de administrar un negocio".
Pero el impacto no termina allí. La digitalización también permite medir indicadores de desempeño, estructurar mejor los cargos, evitar duplicidad de funciones, gestionar el talento con mayor precisión y mejor aún, responder a la constante incertidumbre del retorno de inversión (ROI).
"Hoy puedo medir KPI, revisar objetivos periódicamente y apoyar esas decisiones en información. Eso genera productividad y agrega valor a la empresa", explica la ejecutiva.
El mayor cambio sigue siendo cultural
Para Cuevas, la invitación a los líderes empresariales es hacia el cambio de mentalidad y la adopción de una gestión del cambio a lo largo de la organización.
"Hay que atreverse. Las pymes somos resilientes y valientes, pero todavía nos falta dar ese salto adicional. Debemos salir de la operatividad, levantar la mirada y empezar a analizar qué viene para la región, para el mundo y cómo vamos a anticiparnos. Para eso necesitamos información y necesitamos tecnología. Los tomadores de decisiones tenemos que salir de la operatividad y levantar la mirada. Debemos pensar qué viene para nuestra región, qué está pasando en el mundo y cómo nos vamos a anticipar. Para eso necesitamos información, herramientas y la disposición para aprender constantemente", declara.
La experiencia de las empresas más avanzadas demuestra que la transformación digital no comienza cuando se implementa una nueva tecnología, sino cuando la alta dirección decide convertir la innovación en una prioridad del negocio.
Para los CEO, gerentes generales y directivos, el verdadero riesgo ya no es invertir en digitalización, sino esperar demasiado para hacerlo. En un mercado donde las decisiones se toman cada vez más rápido y con base en datos, liderar implica atreverse a cambiar antes que la competencia.





