La inteligencia artificial se está expandiendo por el tejido empresarial latinoamericano a una velocidad que las propias organizaciones no logran asimilar. Aunque el 63% de las compañías ya implementa herramientas de IA en su día a día, existe una profunda brecha de gobernanza: solo el 7% de las empresas cuenta con lineamientos y políticas claras para regular su uso.
Así lo revela el reciente estudio “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral”, elaborado por WeWork tras encuestar a 575 profesionales en las principales ciudades de Colombia (Bogotá, Medellín y Cali) y otros cuatro países de la región. El informe expone una clara paradoja: la tecnología avanza en el terreno operativo, pero se encuentra en un limbo legal y administrativo dentro de las oficinas.
“La inteligencia artificial dejó de ser una conversación futura. El problema es que muchas organizaciones están adoptando herramientas antes de definir reglas claras para usarlas de manera ética, segura y productiva”, advierte Claudio Hidalgo, presidente regional de WeWork para Latinoamérica.
La paradoja de la iniciativa individual
El estudio refleja que el uso de la IA en el entorno laboral se está moviendo por el entusiasmo y la iniciativa de los propios empleados, más que por una estrategia corporativa estructurada.
Uso sin control oficial: el 51% de los trabajadores emplea la IA para tareas técnicas y operativas. Sin embargo, solo el 9% utiliza plataformas oficiales proporcionadas por sus empleadores. El resto recurre a herramientas externas por su cuenta y riesgo.
Fiebre por capacitarse: existe un deseo masivo de aprendizaje. El 97% de los trabajadores quiere recibir capacitación en IA para mejorar su desempeño, a pesar de que el 58% admite tener un nivel apenas básico en la materia y solo el 1% se considera avanzado.
Productividad frente a desconfianza
La percepción del impacto de la IA es mayoritariamente positiva en términos de eficiencia. El 46% de los encuestados calcula que entre el 11% y el 30% de sus tareas rutinarias se podrían automatizar, liberando tiempo para labores estratégicas. Además, el temor al reemplazo parece disiparse: el 78% de los profesionales ve a la IA como un aliado para potenciar sus capacidades, no como una amenaza para su empleo.
Sin embargo, el despliegue de esta tecnología despierta serias dudas cuando se trata de la supervisión laboral:
Medición del desempeño: Solo el 31% se siente cómodo si una IA evalúa su productividad.
El factor híbrido: El interés por la IA cruza las modalidades de trabajo. El 98% cree que optimiza el trabajo presencial, mientras que el 93% asegura que facilita los esquemas remotos.
Un llamado a la acción urgente
Para WeWork, los resultados de la investigación encienden las alarmas para los departamentos de recursos humanos y operaciones. El verdadero reto ya no es adquirir la tecnología, sino mitigar los riesgos asociados a la privacidad de datos, la transparencia y la falta de criterios éticos.
“El futuro del trabajo depende de construir entornos donde la inteligencia artificial complemente el talento humano y no lo desplace. Las compañías que entiendan eso serán las que logren atraer y retener talento en los próximos años”, concluyó Hidalgo.




