Cuando hablamos de energía, la conversación suele centrarse en una pregunta: cómo producir más. Pero, en una industria de inversiones millonarias, cadenas de suministro complejas y presión por ejecutar proyectos en tiempo y forma, el reto ya no es únicamente producir más energía. También consiste en anticipar riesgos, controlar costos y mantener la continuidad operativa. Para lograrlo, las empresas necesitan mayor visibilidad sobre proveedores, órdenes de compra, gasto comprometido y posibles disrupciones antes de que se traduzcan en retrasos o sobrecostos.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, la inversión global en energía alcanzará los 3.4 billones de dólares en 2026. Monto del que alrededor de 2.2 billones se destinarán a redes, almacenamiento, combustibles, energía nuclear, renovables, eficiencia y electrificación; mientras que 1.2 billones se destinarán a petróleo, gas natural y carbón. Además, la inversión vinculada con suministro e infraestructura eléctrica llegará a casi 1.6 billones, lo que refleja el peso creciente de la electrificación en la agenda energética global.
A medida que crecen las inversiones, también aumenta la complejidad operativa. Cada nuevo proyecto incorpora más contratistas, más proveedores y más dependencias críticas, elevando la exposición a interrupciones, retrasos y desviaciones presupuestales.
En México, el desafío también crece: el Plan de Fortalecimiento y Expansión del Sistema Eléctrico Nacional 2025-2030 contempla sumar 22,674 MW mediante inversión pública y 6,400 MW mediante inversión privada, lo que implicará más proyectos, más proveedores y mayor necesidad de coordinación.
En este contexto, la gestión de compras y proveedores deja de ser un proceso administrativo para convertirse en una función estratégica. KPMG señala que 77% de los gerentes de adquisiciones consideran el riesgo de disrupción de suministro como un desafío crítico, mientras que tecnologías como la inteligencia artificial generativa y la analítica predictiva destacan como las herramientas con mayor potencial para transformar esta función.
A nivel global existe un caso muy particular, el de Kent, proveedor global de servicios energéticos, que muestra hacia dónde se está moviendo la industria: empresas que operan en mercados complejos están integrando datos financieros, operativos y de proveedores para tomar mejores decisiones, reducir puntos ciegos y anticipar riesgos.
La compañía, formada en 2021 a partir de una fusión, enfrentó un reto común para empresas que crecen rápido: integrar miles de usuarios, decenas de sistemas y procesos complejos en una operación global. Como parte de ese proceso, Kent migró a Oracle Fusion Applications e implementó Oracle Fusion Data Intelligence para mejorar la visibilidad de sus procesos de procurement y gestión de proveedores.
Esta implementación permitió a la firma mejorar la trazabilidad de sus operaciones, fortalecer el monitoreo de proveedores y obtener una visión más precisa de riesgos potenciales en proyectos, gastos y cadenas de suministro. El objetivo no era únicamente automatizar procesos, sino tomar decisiones con mayor anticipación y control. En palabras de Patrick Shearer, vicepresidente sénior de Supply Chain de Kent: “Oracle Fusion Data Intelligence brinda a nuestros ejecutivos visibilidad de datos que nos permite garantizar un entorno laboral más seguro y una entrega de proyectos de mayor calidad, por lo que la adopción ha sido muy rápida".
La experiencia de Kent deja una lectura relevante para el mercado mexicano: la transformación digital en energía no depende solo de adoptar nuevas herramientas, sino de ordenar la información que sostiene decisiones críticas. En proyectos energéticos, saber qué proveedor cumple, qué orden está retrasada, cuánto gasto está comprometido o dónde existe riesgo operativo puede ser tan importante como la inversión misma.
La presión sobre las cadenas de suministro no es menor. McKinsey señala que, en 2025, 82% de las empresas encuestadas reportó afectaciones en sus cadenas de suministro por nuevos aranceles, mientras que 39% observó aumentos en costos de proveedores y materiales. Aunque el dato es global, ilustra un entorno donde la resiliencia operativa depende cada vez más de contar con información confiable y capacidad de respuesta.
Para México, donde la expansión energética será clave para acompañar la demanda industrial, el nearshoring y el crecimiento de nuevos polos productivos, estos aprendizajes son relevantes. El país no solo requiere más capacidad eléctrica o más proyectos de infraestructura; también necesita empresas capaces de anticipar riesgos, responder con agilidad a cambios en el entorno y ejecutar proyectos complejos con mayor control y trazabilidad. En una industria donde los retrasos pueden costar millones, la ventaja competitiva ya no dependerá únicamente de la capacidad de generar energía, sino de la capacidad de tomar mejores decisiones con datos.




