
En América Latina, las buenas ideas de negocio no bastan para sobrevivir en el ecosistema emprendedor. Aunque en los últimos años la innovación ha dominado en las pequeñas y medianas empresas (PyMEs), la falta de claridad financiera ha sido la principal causa de su caída.
Las PyMEs componen más del 90% de las empresas de la región, pero apenas una de cada cuatro accede a financiamiento formal. Detrás hay una carencia de visibilidad financiera, las empresas crecen sin entender su flujo de caja, sin proyecciones claras y sin herramientas para anticipar riesgos. Del 38% del ecosistema que cuenta con gestión financiera organizada, solo el 10% tiene gestión estratégica, según el último estudio de madurez financiera 2025 de Xepelin.
La IA permite a las PyMEs operar con sofisticación antes reservada a grandes corporativos. Con análisis predictivo, esta tecnología permite transformar datos dispersos y automatizar decisiones en tiempo real. Sin embargo, el 27% de las empresas en la región aún no sabe cómo aplicar la IA para ser más competitiva.
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La "visibilidad financiera" les permite entender el estado actual y futuro de un negocio, anticipar retrasos en pagos, proyectar su liquidez o evaluar el impacto de un nuevo contrato en minutos.
Xepelin sigue un enfoque "AI First", con la inteligencia artificial al centro de sus servicios financieros. Así facilita el acceso al crédito y mejora la calidad de las decisiones empresariales. "No se trata solo de automatizar tareas, sino de operar el pipeline con mucha más velocidad, precisión y capacidad de escalar para servir a más pymes. Desarrollar esta tecnología in-house es una ventaja relevante: se puede adaptar mucho más rápido las herramientas a la operación real del negocio y seguir escalando sin depender de soluciones genéricas", aseveró Juan Pablo van Wersch, General Manager of Growth & Go-to-Market de Xepelin.
Ante la volatilidad económica, las fluctuaciones monetarias y los cambios regulatorios, la capacidad de adaptación es crítica. Las PyMEs que operan con información en tiempo real y modelos aventajan a las que continúan con procesos manuales y fragmentados.
La inteligencia artificial no elimina la incertidumbre pero permite gestionarla. En Latinoamérica, donde la estabilidad no está garantizada, esa capacidad puede marcar la diferencia entre crecer o desaparecer.




